La graduación especial se realizó el 26 de junio en la Escuela Pilar Jiménez, en Guadalupe, con docentes, estudiantes y familiares, luego de que el centro educativo organizara un acto completo.
La historia de Fernando Calderón Calderón ha conmovido a la comunidad de Guadalupe y más allá de las fronteras de Costa Rica, al convertirse en un ejemplo de perseverancia y espíritu de trabajo. A los 90 años, Calderón obtuvo el título de sexto grado que no pudo recibir hace más de siete décadas por razones laborales, según relató el propio protagonista. La ceremonia, realizada en la Escuela Pilar Jiménez, reunió a docentes, estudiantes y su familia, quienes celebraron el cierre de un ciclo pendiente desde 1950.
De acuerdo con el reportaje de Teletica, la ausencia del diploma escolar de Calderón surgió como una incógnita entre sus once hijos. Ellos, intrigados, revisaron archivos escolares y gestionaron con el Ministerio de Educación Pública (MEP) la entrega formal del documento. El proceso culminó el pasado 26 de junio, cuando la escuela organizó una graduación especial, replicando todos los elementos protocolares de una ceremonia tradicional.
“Me dieron el programa, y en el programa estaba la entrada de la bandera, los saludos, todo, todo, como si hubieran sido 50 alumnos”, recordó Calderón en diálogo con Teletica.
El origen de esta deuda pendiente se remonta a finales de 1950, cuando Fernando Calderón dejó los estudios para trabajar junto a su padre. “Yo salí y me fui a trabajar como a finales de octubre; pero, según parece, ya los exámenes ya los habían hecho”, explicó.
A pesar de esa interrupción, nunca se le exigió el diploma formal para avanzar en su vida laboral. Calderón trabajó en diversos oficios, entre ellos en la rotativa de periódicos como La Prensa Libre y La República, y más tarde obtuvo un título como mecánico industrial por la Escuela de Capacitación Industrial de la Cámara de Industrias.
El recorrido profesional de Calderón estuvo marcado por la adaptabilidad y el emprendimiento. Tras una recomendación de su hermano, quien trabajaba como prensista, Calderón asumió responsabilidades en las rotativas, oficio que lo vinculó con el mundo editorial costarricense.
Con el tiempo, su inquietud por innovar lo llevó a construir una máquina de confeti, herramienta que le permitió sostener a su numerosa familia hasta que la venta de confeti fue prohibida en la avenida central de San José en 1987. “Se me vino a la mente construir una máquina de confeti. Y ahí está trabajando como si fuera hoy”, relató a Teletica.
La vida familiar de Fernando Calderón también quedó reflejada en la entrevista. Se casó en 1959 y junto a su esposa, quien participó activamente en sus proyectos artesanales, formó una familia numerosa integrada por once hijos, veintidós nietos y dieciséis bisnietos.
“En 1961, pegué 2,000 colones de lotería. Se me vino a la mente comprar sierras y caladoras y todo, y me puse a hacer juguetes”, recordó, detallando cómo su esposa pintaba y decoraba cada pieza. El espíritu emprendedor y la colaboración familiar permitieron a Calderón adquirir su propia casa y mantener la estabilidad económica.
A sus 90 años, Calderón mantiene una rutina diaria de trabajo en su taller de encuadernado. “Me levanto en la mañana, me encomiendo y me voy a las nueve y cuarto para el taller. Paso recto y a las cuatro, cuatro y media, estoy de vuelta en la casa”, comentó. Para él, la actividad laboral es una fuente de vida: “Si no trabajo, me muero”. Esta frase, resume su filosofía y su visión sobre la importancia del trabajo para una vida plena.
El reconocimiento público en la Escuela Pilar Jiménez no solo cerró una deuda personal, sino que también se convirtió en un mensaje para las nuevas generaciones. Durante la ceremonia, Calderón recibió el aplauso de los niños, quienes lo felicitaron y lo invitaron a participar en otras graduaciones. “El consejo que le puedo dar a los niños de ahora es que estudien, que estudien. Que el estudio les deja enseñanza y les deja porvenir”, recomendó.
La historia de Fernando Calderón Calderón ha sido documentada por Teletica, que acompañó el proceso de gestión y la celebración en la escuela. Según el medio, el Ministerio de Educación Pública verificó los registros escolares y formalizó la entrega del título, reconociendo el esfuerzo y la trayectoria del exalumno. La experiencia de Calderón, quien se formó como mecánico industrial y emprendió en distintos oficios, pone en valor la constancia y la educación como herramientas para el desarrollo personal y familiar.
A través de su testimonio, Calderón transmite un mensaje de esperanza y resiliencia. “Que no piensen en otra cosa que no sea estudiar para que su vejez sea, ojalá, igual que la mía, que no tengan que sufrir absolutamente nada”, expresó en diálogo con Teletica. La ceremonia de graduación no solo marcó el cierre de un capítulo, sino que también dejó una lección para quienes enfrentan barreras en su formación académica.


