Un análisis de la UNED advierte que la crisis energética global podría encarecer combustibles, alimentos y servicios, además de afectar la competitividad del país.

La volatilidad en los precios internacionales del petróleo, impulsada por tensiones geopolíticas en Medio Oriente, comienza a pasar factura a la economía costarricense. Un análisis de la Universidad Estatal a Distancia (UNED) advierte que el país enfrentará durante 2026 un aumento en el costo de vida, así como riesgos significativos para sus exportaciones y sectores clave como el turismo.

El estudio, elaborado por la Escuela de Ciencias de la Administración (ECA) de la UNED, señala que la crisis energética global, derivada principalmente del conflicto en Medio Oriente y el impacto en rutas estratégicas como el estrecho de Ormuz, ha provocado una fuerte disrupción en la oferta mundial de crudo.

Esto se tradujo en un aumento acelerado del precio del petróleo tipo Brent, que pasó de 60 dólares por barril en febrero a un pico de 121 dólares en marzo, estabilizándose posteriormente en torno a los 93 dólares y repuntando nuevamente a más de 100 dólares.

Este comportamiento ya tiene repercusiones directas en Costa Rica. La Autoridad Reguladora de los Servicios Públicos (ARESEP) tramita el primer aumento en combustibles del año, mientras que el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) reporta incrementos en la inflación, especialmente en alimentos básicos y servicios turísticos.

Según el director de la ECA, Federico Quesada Chaves, estos efectos no son temporales. “Este fenómeno no es pasajero. Mientras persistan las tensiones en el estrecho de Ormuz, Costa Rica enfrentará ajustes constantes en combustibles, encarecimiento de bienes básicos y mayores retos para sostener la competitividad de sus exportaciones”, advirtió.

Montones de granos variados, incluyendo quinoa, mijo, amaranto, fonio, trigo espelta, trigo y arroz, sobre una mesa rústica de madera con fondo desenfocado.Expertos advierten sobre un encarecimiento de alimentos y servicios durante 2026. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El análisis identifica cinco áreas críticas donde se reflejarán los impactos de esta crisis: combustibles, inflación, comercio exterior, política monetaria y turismo.

En primer lugar, el alza sostenida del petróleo implicará incrementos en los precios de la gasolina y el diésel, lo que repercutirá directamente en el transporte público, tarifas privadas y costos logísticos. Este encarecimiento se traslada rápidamente a toda la economía, afectando desde el precio de los alimentos hasta el costo de servicios.

En cuanto a la inflación, los expertos señalan que el aumento en los insumos agrícolas y bienes importados presiona la canasta básica. Esto impacta de forma directa a los hogares, que deberán destinar una mayor proporción de sus ingresos a cubrir necesidades esenciales.

El comercio exterior también se verá golpeado. El encarecimiento de los fletes reduce la competitividad de los productos costarricenses en mercados internacionales. A esto se suma la inflación en países socios comerciales, lo que podría disminuir la demanda de exportaciones nacionales.

Otro de los puntos sensibles es la política monetaria. El Banco Central de Costa Rica ha intervenido para sostener el tipo de cambio alrededor de los ₡462 por dólar, en un intento por contener la inflación importada. Sin embargo, un colón apreciado también limita la capacidad del país para estimular el crecimiento económico y enfrentar el desempleo.

El turismo, uno de los motores de la economía nacional, tampoco escapa a este escenario. El aumento en los precios de los tiquetes aéreos, sumado a un tipo de cambio poco favorable, eleva el costo de visitar Costa Rica. Además, la posible desaceleración económica en mercados emisores podría reducir la llegada de turistas.

Ante este panorama, la academia plantea una serie de recomendaciones para mitigar los efectos de la crisis. Entre ellas, destaca la necesidad de acelerar la diversificación energética, impulsando proyectos de energías renovables que reduzcan la dependencia del petróleo.

También se propone fortalecer el apoyo a exportadores mediante programas de eficiencia logística y financiamiento, así como desarrollar estrategias de promoción turística más resilientes, orientadas a mercados alternativos y con mayor valor agregado.

Finalmente, los expertos subrayan la importancia de una coordinación constante entre instituciones como el Banco Central, el Ministerio de Economía, Industria y Comercio (MEIC) y el Ministerio de Hacienda, con el fin de anticipar escenarios y tomar decisiones oportunas ante una posible prolongación de la crisis energética.

El mensaje es claro: aunque Costa Rica no produce petróleo, los efectos de su volatilidad global impactan profundamente su economía. En un contexto de incertidumbre internacional, la capacidad de adaptación y planificación será clave para enfrentar los desafíos que marcarán el 2026.